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¡Los checos comen como nunca antes!

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Praga (ČSÚ) – El año pasado, cada checo consumió alrededor de 800 kilos de alimentos. Frente al 2018 ese promedio aumentó en casi 7 kilos y ha llegado al mayor nivel desde el año 1993. Año en que nació la Rep. Checa. Informó la Oficina Checa de Estadísticas (ČSÚ). La fuente precisa que la cantidad calculada incluye las posibles pérdidas de alimentos y los desperdicios. Esos dos elementos se calculan representan una tercera parte del consumo.

La ingesta ha crecido en la mayoría de los segmentos alimenticios controlados. Y, más en detalle, el alza más fuerte estuvo en el grupo de las sémolas y de las avenas (de las que se consumió en el 2019 casi un 20 por ciento más que en el 2018). También creció fuertemente el consumo de animales de caza (+9,4 por ciento), los panes de larga duración (+5,4) por ciento, según las cifras dadas por ČSÚ.

Más frutas tropicales pero menos verduras frescas

La fuente destaca que en el 2019 se alcanzaron valores de “máximo histórico” por habitante en el consumo de: arroz, carne de ave, quesos, otros productos lácteos e incluso frutas tropicales. Es que los checos consumen más toronjas, naranjas y mandarinas. Y han reducido el consumo de frutas procedentes de franjas más templadas.

Y, por el contrario,bajó el consumo general de hortalizas y de verduras frescas. En el 2019, bajó el consumo de los pimientos, de las coliflores y de las zanahorias. Pero repuntó el consumo de pepinos para ensaladas, tomates y cebollas. ČSÚ subraya que la más fuerte caída en el consumo “se produjo sólo entre las bebidas no alcohólicas”. Y, en ese segmento, en las aguas minerales: “El año pasado, los checos consumieron 5,7 litros menos en promedio. Menos que en el 2018. Por el contrario, los checos bebieron más alcoholes: 0,9 litros por persona.

El aumento del consumo es firme desde el 2013

ČSÚ destaca que desde el año 2013, crece el consumo de alimentos, pero, “al tiempo que baja el nivel de autosuficiencia del país”.

Desde el año 1993 bajó marcadamente la proporción de la producción y de consumo, particularmente entre quesos y requesones, mantequilla y huevos. Y esto en más de 80 puntos porcentuales. Para los agricultores esto es un problema. “El bajo nivel de autosuficiencia, algo que con frecuencia se llama seguridad alimentaria, nos hace dependientes de la importación. Si se produce cualquier tipo de problema con la producción de alimentos, en cualquier parte del mundo, nosotros lo resentiremos. Algo que ya pudimos ver durante la primavera con los precios y la accesibilidad de las verduras”, explica Vladimír Pícha, de la Unión Agrícola de la Rep. Checa.

Esto se refleja incluso en el movimiento de los productos agrícolas. La fuente señala que en el 2019 el intercambio de alimentos intrafronterizo dejó un saldo negativo de 47,5 millardos de coronas checas. Todo un récord e implica el empeoramiento internaual del 13,9 por ciento.

Agrega que el problema es no sólo dejar de ser autosuficientes, sino que, encima de todo y casi de manera voluntaria, el país reduce la variedad y riqueza de lo que nace en los terrenos de cultivo. Esto, además, provoca un lastre al suelo agrícola casi monocultivo. Y eso tampoco es bueno. Es interesante constatar que más allá del incremento rápido en el consumo de los alimentos por parte de los checos, al revisarse los egresos por comida y bebidas no alcohólicas muestran un repunte menos fuerte. Tanto si es compra directa de alimentos en las tiendas o si es al momento de comer.

El fuerte aumento que han tenido los sueldos en la Rep. Checa, algo que empezó en el 2017, no ha influido mucho en lo que los checos gastan por comida. ČSÚ señala que esos mayores ingresos se situaron más en vivienda, agua y energía.