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No hay que olvidar los acontecimientos de 1968

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Praga, flores, iglesia

Praga – Un miércoles, muy de mañana, con la fecha como hoy, pero en 1968, fue, sin duda, un día lúgubre fue para la mayoría de los checoslovacos. Fue un acto bien simple: De un lado estaban los carros blindados de los invasores, las fuerzas “hermanas” del “Pacto de Varsovia y contra ellos, en el otro lado muchas veces no solo barricadas virtuales, estaban los ciudadanos, casi 15 millones, que con pocas excepciones se pusieron claramente de parte de los representante de su Gobierno, con Alexander Dubček a la cabeza. Estaban contra la fuerza masiva de los tanques, los fusiles automáticos y las ametralladoras.

La Democracia, algo que no está sobreentendido

La ceremonia más importante que recuerda la resistencia a la invasión ocurre cada año junto al edificio de la entonces “Radio Checoslovaca”, hoy “Radio Checa”, que las fuerzas invasoras deseaban acallar, para evitar el levantamiento ciudadano. Lubomír Zaorálek, ministro de Cultura y socialdemócrata considera que: “La democracia no puede tomarse como algo sobrentendido ni podemos olvidar el totalitarismo del régimen comunista. Pido a los políticos actuales a que saquemos experiencia de los errores cometidos por nuestros antecesores, de los de finales de los años sesenta”.

            Zaorálek apunta que ese deseo de construir una manera más libre de vida en la entonces Checoslovaquia, ese “socialismo con rostro humano”, no terminó bajo las orugas de los tanques invasores “sino más bien un año después, cuando se reprimió la manifestación con unidades armadas, recién desde 1969 empieza el período de las dos décadas de normalización”. Por ello, enfatizó, el error no recae en los ejércitos extranjeros sino en la falla de la superestructura política, “incapaz de saber apoyarse en el pueblo ni en su confianza”.

tanque en llamas, en la Av. Wenceslao de Praga

No hay que olvidar: la invasión, las piras humanas

Hoy es importante e incluso fundamental que las jóvenes generaciones no olviden lo que ocurrió en 1968 ni después. Es decir el proceso de normalización ni los dos estudiantes que se quemaron a lo bonzo. Y hay que analizar también la importancia de la idea del socialismo con rostro humano, que prometía la “Primavera de Praga”. Un proyecto, acaso utópico, que buscaba un socialismo con una sociedad democrática. Frustrado por la invasión.

En 1989 se produjo la “Revolución de Terciopelo”, que derrumbó el sistema socialista en Checoslovaquia. Sin tanques, sin tiros y con un muerto ficticio. La restitución del sistema capitalista no fue tan bondadosa como muchos habían deseado, pero, al menos no hay fuerzas invasoras.

Algo aún peor: La Normalización

Volviendo a la época checoslovaca, hubo una situación traumática en el país y en el Partido Comunista; tenían que celebrar ese 21 de agosto. ¡Gracias a la ayuda fraterna habían permanecido en el campo socialista! Y los comunistas consiguieron quedarse 20 años más en el poder. Sólo que un año después, el 21 de agosto de 1969 hubo concentraciones con miles de personas en las plazas, por todo el país.

            Reclamaban la continuación de la política de Dubček y de una mayor democratización de la vida pública. Estaban contra la restitución de la censura y la libertad de palabra. Sin embargo, contra ellos, a diferencia del agosto de un año anterior, ya no estaban unidades enemigas extranjeras con sus uniformes desvaídos. Estaban ya las fuerzas regulares nacionales. Las Milicias Populares y la policía SNB.

            Ahora estaban checos contra checos, el año anterior levantaban amenazantes el puño contra los invasores soviéticos… Se dispararon obuses, se tiraron bombas lacrimógenas, los ojos lloraron y el miedo en muchos de los manifestante se transformó rápidamente en odio. Comenzaba así una muestra práctica de la “normalizada” vida  en la realmente Checoslovaquia socialista. La unidad (desgraciadamente solo temporal, de muy breve duración y solo visual) de los ciudadanos checoslovacos en agosto de 1968 fue rota, la sociedad se dividió rápidamente en los únicos verdaderamente fieles o que fueron capaces de adaptarse y los demás. Cientos de miles de personas encajaron las consecuencias del así llamado proceso de “normalización”, y no solo ellos, también sus familias e incluso los niños que en aquel momento ni siquiera habían nacido.

            Los acontecimientos de hace 1968 y de 1969 nos recuerdan constantemente cada año que la democracia y la libertad no deberíamos considerarlas como algo totalmente natural.

Tanque invasor en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga